Carmelo de Santa Teresa

Casa de retiros espirituales - La Plata

¿Qué es un retiro?

Retiro significa apartarse, retirarse de lo habitual. La idea de retirarse, para tratar de hablar más íntimamente con Dios y hacer oración, es esencial a la naturaleza humana. Consistirá en el recogimiento interior necesario para facilitar ese diálogo del alma con Dios.

En la Sagrada Escritura se hallan abundantes testimonios de esos retiros del hombre para ir a un encuentro personal más directo con Dios: Moisés, los Profetas, San Juan Bautista y sobre todo Jesús que se retira al desierto después de su Bautismo o que se retira a la soledad para orar. No hay que olvidar el papel que juega el desierto en la vida de Israel lugar de purificación y de renovación de la Alianza con Dios. Después de la Ascensión de Cristo encontramos a un grupo numeroso de discípulos reunidos dentro del Cenáculo, en compañía de la Virgen Santísima y los Apóstoles, esperando la efusión del Paráclito que Jesús les había prometido.

Un retiro es una práctica espiritual en la Iglesia desde los primeros siglos: siempre que una persona buscaba prepararse para una misión, o, simplemente, notaba la urgencia de corresponder con mayor entrega a los toques de la gracia, procuraba intensificar su trato con el Señor. El papa Francisco nos dice: "Quien vive los ejercicios espirituales de modo auténtico experimenta la atracción, el encanto de Dios, y vuelve renovado, transfigurado a la vida ordinaria, al ministerio, a las relaciones cotidianas, trayendo consigo el perfume de Dios”. El papa Benedicto XVI, en el Mensaje de Cuaresma de 2011 refiriéndose al evangelio de la Transfiguración decía: “es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: Él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cfr. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor”. San Juan Pablo II recordó la importancia de los retiros espirituales con estas palabras: "Quisiera reavivar su llama apostólica estimulándolos en tres puntos que me parecen muy importantes. Evangelicen su propia vida; continúen siempre en estado de conversión [...]. Dediquen algún tiempo al retiro y a la revisión de la vida”. Y el Papa Francisco señala: “Los hombres y las mujeres de hoy necesitan encontrar a Dios y conocerlo “no de oídas”... Un buen retiro contribuye a renovar en quien participa la adhesión incondicional a Cristo y ayuda a entender que la oración es el medio insustituible de unión al Crucificado”.


¿Cuánto dura un retiro?

Tienen diversa extensión, pueden ser de un mes, de una semana, de un fin de semana o de una jornada. En el Carmelo por ahora ofrecemos de un fin de semana, de una jornada y personalizados que pueden tener distinta duración.


¿Cómo se desarrollan los retiros Carmelitanos?

En un clima de profundo silencio que favorece el encuentro consigo mismo y con Dios, donde se alternan momentos de oración contemplativa, de oración litúrgica, de la Celebración de la Eucaristía, de meditaciones predicadas, de reflexión personal, compartir grupal, de acompañamiento personal al que lo desee y solicite.

Finalmente recordemos lo que nos dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium:

“El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado”. (Evangelii Gaudium, 2).

“Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso”. (ib 4)


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